El Fondo Monetario Internacional volvió a presionar a la Argentina para que acelere la acumulación de reservas, mientras desde el Gobierno insisten en que el proceso comenzará recién dentro de algunos meses.
El vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, fue el encargado de responder a la inquietud del organismo durante una comunicación con Nigel Chalk, nuevo director del hemisferio occidental del FMI. Chalk le transmitió su preocupación por el lento ritmo con el que el país suma reservas, algo que, según el Fondo, pone en riesgo el cumplimiento del programa acordado.
El FMI recordó que la Argentina debería incrementar sus reservas en alrededor de USD 8.500 millones, y pidió que el proceso “se inicie lo antes posible”. Sin embargo, Werning respondió que, de acuerdo con las proyecciones oficiales, la acumulación de divisas se concretará recién “dentro de unos meses”, cuando se reactive la economía y lleguen nuevos flujos de dólares, tanto del exterior como del ahorro interno.
La explicación se apoya en un documento técnico que el propio Werning presentó semanas atrás, titulado “La Evolución del Régimen de Agregados Monetarios en Argentina”, donde estima que la fase de remonetización y acumulación de reservas comenzará plenamente en 2026.
Mientras tanto, crecen las dudas en los mercados sobre la capacidad del ministro Luis “Toto” Caputo para sostener el esquema de bandas cambiarias. Analistas sostienen que el Gobierno ya habría utilizado gran parte de los dólares provenientes de las exportaciones, lo que complica su margen de maniobra.
Desde el FMI advierten que sin reservas el acuerdo podría naufragar: “Sin flotación, no hay reservas; sin reservas, no hay programa”, resumió un economista cercano a las negociaciones.
En tanto, el Ejecutivo mantiene una postura desafiante. El secretario de Hacienda, Carlos Guberman, defendió el esquema de bandas ante la Comisión de Presupuesto del Congreso y, con tono irónico, desestimó las proyecciones del Fondo:
“El FMI puede escribir lo que quiera. ¿Ahora resulta que el Fondo es bueno? Nosotros vamos a pagar con superávit primario, no con pronósticos ajenos”.
El escenario fiscal, sin embargo, se complica. La caída de la recaudación por la eliminación del impuesto PAIS y las retenciones exige un ajuste del gasto de más de 11 billones de pesos, mientras el Tesoro enfrenta dificultades para renovar su deuda en el mercado local.
En medio de este contexto, el Gobierno busca ganar tiempo, aunque cada vez más voces dentro y fuera del país reclaman definiciones urgentes sobre cómo sostendrá el programa económico sin reservas suficientes.

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