El Gobierno de Javier Milei volvió a mostrar que la insensibilidad social se ha convertido en política de Estado. Esta vez, el golpe fue directo a uno de los sectores más vulnerables: las personas con discapacidad.
El Presidente promulgó la Ley de Emergencia en Discapacidad —aprobada por amplia mayoría en el Congreso tras su veto inicial—, pero con una maniobra digna de cinismo político la dejó congelada. En los papeles, la norma ya es ley. En la vida real, no existe.
El Decreto 681/25, firmado junto al ministro Guillermo Francos y Mario Lugones, devuelve la pelota al Congreso, exigiendo que se precise cómo financiarla. Traducido: Milei la firma para evitar un costo político mayor, pero la esconde detrás de tecnicismos contables y la excusa ya repetida hasta el hartazgo: “no hay plata”.
El cálculo oficial estima que su aplicación demandaría 3 billones de pesos en 2025, apenas un 0,35% del PBI. Pero para el Gobierno, ese porcentaje es “impagable”, aunque cada semana no titubeen en transferir millones al sistema financiero o en sostener beneficios para grandes corporaciones.
El decreto rezuma desprecio: acusa al Congreso de “omitir” cómo se financiará la medida y justifica la parálisis con frases hechas sobre “sustentabilidad en el tiempo” y “responsabilidad institucional”. Palabras frías que, en los hechos, dejan a miles de argentinos con discapacidad atrapados en la incertidumbre, con pensiones congeladas y prestadores al borde de la quiebra.
La realidad es clara: mientras Milei predica libertad, ajusta a los más débiles. Promulga una ley con una mano para la foto y la congela con la otra para que nada cambie. Una burla que desnuda la verdadera prioridad de este Gobierno: cuadrar números en un Excel, aunque el costo humano sea devastador.
Opinión
Lo ocurrido con la Ley de Discapacidad es más que una medida administrativa: es un mensaje político. Para este Gobierno, las personas con discapacidad no son ciudadanos con derechos, son un gasto incómodo. Y como todo lo que no encaja en su plan de ajuste, se congela, se posterga y se invisibiliza.
El país asiste a un espectáculo indignante: Milei posa para la foto promulgando una ley que promete dignidad, pero detrás de escena la convierte en un papel sin valor. El Ejecutivo demuestra así que la verdadera “emergencia” es su propia falta de humanidad.

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