Martes 08 de julio de 2025 – Aguilares, Tucumán
La realidad económica volvió a cobrarse una nueva víctima laboral. La empresa Marengo, fabricante de golosinas que alcanzó notoriedad nacional por lanzar los famosos caramelos “No hay plata”, inspirados en la célebre frase del presidente Javier Milei, acaba de suspender a 60 trabajadores por la fuerte caída del consumo en todo el país.
Sí, irónicamente, la misma empresa que se subió al tren del eslogan libertario hoy tiene que reconocer que, efectivamente, no hay plata… pero para pagar sueldos.
La suspensión afecta a operarios de la planta principal de Marengo, ubicada en el interior de la provincia de Buenos Aires, y según fuentes sindicales, podría extenderse a otras áreas si no mejora la situación del mercado. La empresa argumentó que la medida es “transitoria” y responde a la baja sostenida de ventas en los últimos meses, producto de una retracción del consumo que ya dejó huella en numerosos rubros del sector alimenticio.
La historia de Marengo había cobrado notoriedad el año pasado, cuando decidió lanzar al mercado una línea de caramelos bautizados “No hay plata”, apelando al discurso presidencial y logrando así una movida publicitaria que mezclaba humor, oportunismo político y sabor ácido… como el del limón, pero también como el de la realidad social que se vive hoy.
Las redes sociales estallaron con la noticia: memes, comentarios sarcásticos y hasta usuarios que sugieren cambiar el nombre del producto a “No hay trabajo” o “No hay ventas”. Algunos incluso recordaron que, detrás del packaging marketinero, hay familias que dependen de esos puestos de trabajo para subsistir.
Desde los gremios advierten que este tipo de medidas podrían repetirse en otras fábricas si no hay una reactivación del mercado interno. “La gente no tiene para comprar caramelos, ni golosinas, ni nada. Apenas alcanza para lo básico. Esta es la Argentina real”, sostuvo un delegado sindical.
Mientras tanto, Marengo no hizo más declaraciones, pero queda claro que el marketing político puede dar un empujón mediático, aunque difícilmente logre sostener el empleo en un contexto económico donde la inflación, la recesión y la pérdida del poder adquisitivo se sienten cada vez más fuerte.
La fábrica de los caramelos “No hay plata” se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de esta etapa: con un eslogan de moda, pero sin ventas; con ideas disruptivas, pero sin mercado. Porque al final, la frase no era solo un chiste: era un diagnóstico.

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