Lunes 12 de mayo de 2025
El panorama para el peronismo se vuelve cada vez más sombrío tras los resultados del domingo en Salta y el escenario político en Jujuy. En ambas provincias, las intervenciones partidarias dispuestas por la presidenta del PJ nacional, Cristina Fernández de Kirchner, quedaron en el centro de la escena por su impacto negativo en la performance electoral del partido. Dirigentes locales, referentes históricos y hasta sectores cercanos a la conducción nacional coinciden: las decisiones tomadas desde Buenos Aires generaron fracturas, desorganización y una desconexión total con la realidad política de los distritos.
En Salta, el resultado fue directamente catastrófico. El Partido Justicialista no solo no consiguió renovar las bancas legislativas que ponía en juego en Capital, San Martín y Cachi, sino que, por primera vez en su historia, quedó fuera del mapa legislativo provincial. El derrumbe electoral se atribuye en gran medida a la intervención partidaria que Cristina ordenó en marzo, al desplazar a las autoridades locales, supuestamente molesta porque legisladores salteños alineados al gobernador Gustavo Sáenz apoyaron leyes del presidente Javier Milei en el Congreso.
La reacción al reemplazo de la dirigencia fue inmediata. La mayoría del peronismo provincial se replegó y terminó respaldando a Sáenz, quien logró arrasar en el interior provincial, mientras que en la capital los libertarios dieron la sorpresa. «El 80% del peronismo jugó con Sáenz», admitió un dirigente que decidió mantenerse al margen de la disputa interna.
Los interventores enviados por el PJ nacional, el bonaerense Sergio Berni y la pampeana María Luz “Luchy” Alonso, fueron blanco de duras críticas. Su principal anuncio fue que el peronismo competiría en solitario, enfrentando a Sáenz, en alianza con el partido del senador Sergio “Oso” Leavy. Sin embargo, incluso dentro del espacio de Leavy hubo deserciones hacia el oficialismo. «Se olvidaron que había elecciones», señalaron, con ironía, dos figuras de peso en el peronismo local, cuestionando el momento elegido para la intervención. «Cristina podía esperar, intervenir el lunes y armar las listas de octubre», agregaron.
Otro referente histórico del peronismo salteño fue más duro: denunció que la intervención dejó al partido sin recursos económicos para hacer campaña y sin estructura de apoyo en las calles. “Los candidatos no tenían ni visibilidad. Cuando vieron el desastre que habían generado, los interventores se fueron y no volvieron más”, sentenció.
En Jujuy, la situación no fue menos caótica, aunque no se celebraron elecciones en esta ocasión. El PJ jujeño está intervenido desde 2023, cuando el entonces presidente Alberto Fernández tomó la decisión, y Cristina mantuvo el esquema vigente con Aníbal Fernández y Gustavo “Tano” Menéndez como autoridades designadas. La conducción terminó de dividir al peronismo al punto de presentar tres listas diferentes, lo que facilitó el avance tanto del radicalismo como del espacio libertario.
Lo más llamativo es que, pese a que la intervención apuntaba a desplazar al histórico dirigente Rubén Rivarola, terminó siendo él quien encabezó la lista respaldada por el kirchnerismo, dejando en evidencia el fracaso de la estrategia.
Pero el impacto de las intervenciones no se limita a Salta y Jujuy. En Misiones, donde el PJ también está intervenido bajo la conducción de Gustavo Arrieta y Máximo Rodríguez, ni siquiera se presentaron listas para las legislativas provinciales del próximo 8 de junio. Y en Corrientes, la intervención encabezada por Teresa García y nuevamente Rodríguez, provocó una ruptura tal que un sector importante del peronismo decidió no participar de las elecciones en rechazo a la forma en que se definieron los candidatos y las nuevas autoridades.
El balance general es alarmante: un partido intervenido en varias provincias, fracturas internas profundas, deserciones masivas hacia estructuras ajenas al PJ, y una conducción nacional cada vez más cuestionada por su falta de escucha y por aplicar decisiones centralizadas que desconocen las realidades locales.
La figura de Cristina Kirchner, hasta hace poco intocable dentro del movimiento, empieza a recibir críticas abiertas desde distintos frentes peronistas, que advierten que la actual conducción podría terminar profundizando la crisis del partido. Lo ocurrido en Salta y Jujuy podría ser apenas el anticipo de un escenario más grave si no se revierten las formas de conducción y se vuelve a una lógica más federal, participativa y representativa del peronismo real en cada territorio.

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