El presidente afirmó haber reducido la pobreza del 57% al 33% y dijo que «cumplió su palabra» con el Sumo Pontífice. Sin embargo, sus dichos generan polémica: en la calle, los recortes y la caída del consumo profundizan el malestar social. La distancia entre el discurso presidencial y la realidad que viven millones de argentinos crece cada día.
En medio de una crisis económica que golpea con fuerza a los sectores populares, el presidente Javier Milei sorprendió al declarar que su gobierno logró reducir de manera contundente los niveles de pobreza en el país. «Le prometí al Papa cuidar a los pobres, y lo estoy cumpliendo», aseguró con firmeza, al tiempo que sostuvo que durante su gestión la pobreza bajó del 57% al 33%, lo que —según él— representa a más de diez millones de personas que dejaron de ser pobres.
La afirmación generó revuelo y fuertes críticas por parte de economistas, dirigentes sociales y políticos, quienes cuestionan la veracidad de los números y, sobre todo, el contraste con la realidad que se vive en los barrios, donde aumentan la demanda de alimentos y las changas desaparecen.
Milei también reveló que, debido a la periodicidad semestral con la que el INDEC publica sus informes oficiales, su administración mantuvo una comunicación fluida y directa con el Vaticano. Según el mandatario, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, informaban al Papa Francisco cada quince días o una vez al mes sobre los avances de la política social del gobierno.
Pero mientras el presidente sostiene que su gobierno está «cuidando a los más vulnerables», los números muestran otra cara. La inflación acumulada en los primeros meses del año, los alimentos básicos aumentaron por encima del promedio, las jubilaciones perdieron poder adquisitivo y los salarios registrados cayeron en términos reales. Además, organismos internacionales y universidades privadas estiman que la pobreza ya habría superado el 53% en los primeros meses del año.
«Los datos del presidente son, como mínimo, poco creíbles. No hay evidencia oficial ni técnica que respalde esa supuesta mejora. Muy por el contrario, todo indica que la situación social se agravó», advirtió un reconocido economista en declaraciones radiales. En esa línea, distintas organizaciones sociales denunciaron la paralización de planes alimentarios, el desabastecimiento de comedores y el crecimiento de la indigencia en zonas urbanas y rurales.
La Iglesia, si bien mantiene una relación institucional con el gobierno, ha expresado en varias ocasiones su preocupación por el deterioro de las condiciones de vida en los sectores más pobres. El propio papa Francisco, en sus últimos discursos, insistió en la necesidad de cuidar la dignidad de los trabajadores, atender a los más necesitados y no convertir la economía en una herramienta de exclusión.
En este contexto, la afirmación de Milei de que “cumplió su promesa” suena, para muchos, a una provocación o a una mentira. Las redes sociales rápidamente se hicieron eco de sus palabras, y en pocas horas surgieron cientos de comentarios cuestionando su discurso: “¿Dónde están los diez millones que salieron de la pobreza? Porque no los vemos en los barrios”, publicó en diferentes redes sociales.
Con una inflación que aún no da tregua, recesión económica, caída del empleo y recortes en áreas sensibles como salud, educación y asistencia social, las declaraciones del presidente parecen más una estrategia discursiva que una descripción real del país. En la calle, en las góndolas y en los hogares más humildes, la promesa presidencial aún está lejos de sentirse cumplida.

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