Milei marca límites a Macri: tensión en la interna liberal por el futuro de una alianza que no llega

Domingo 20 de abril de 2025

En plena reconfiguración del escenario político nacional, Javier Milei tomó una decisión clave: mantener a Mauricio Macri en un lugar secundario y evitar, al menos por ahora, una alianza formal con el fundador del PRO. El expresidente reapareció con fuerza en la agenda mediática durante la última semana, con múltiples apariciones televisivas y declaraciones que no pasaron desapercibidas. Entre líneas, dejó ver su incomodidad con la falta de avances en un posible acuerdo con La Libertad Avanza y lanzó críticas indirectas que encendieron las alarmas en el oficialismo.

Macri aseguró que Milei ya le había dado un «sí» en privado respecto a una eventual alianza entre ambos espacios, pero no ocultó su malestar por la falta de definiciones: “A la hora de la verdad, no pasa nada”, disparó en una de sus entrevistas. Incluso fue más allá, al cuestionar directamente a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y figura clave en el armado libertario, a quien acusó de querer “destruir el PRO”, un comentario que generó un fuerte revuelo dentro del círculo de poder libertario.

Aunque Milei evitó responder públicamente a las declaraciones del exmandatario, en la práctica su decisión ya está tomada: no avanzar con un pacto formal con Macri. La razón detrás de esta postura es profundamente política y estratégica. Mientras el actual Presidente continúa en expansión, sin un techo electoral definido y con margen para seguir creciendo, Macri carga con un nivel de rechazo significativo que podría perjudicar al oficialismo. Las encuestas son claras: si bien el expresidente conserva una base de apoyo sólida, su imagen negativa continúa siendo elevada, lo que convertiría una alianza en un lastre difícil de sobrellevar.

El equipo de Milei considera que sumar formalmente al macrismo implicaría absorber también sus pasivos políticos, y en un momento donde el oficialismo busca consolidar nuevas alianzas provinciales y sumar apoyos legislativos, eso podría ser contraproducente. Además, le daría al peronismo combativo una excusa perfecta para relanzar su ofensiva: la idea de una «fusión liberal-macrista» podría convertirse en un blanco fácil para la crítica opositora, fortaleciendo a los sectores que buscan desgastar al gobierno.

Ejemplos concretos hay. El caso del gobernador tucumano Osvaldo Jaldo es ilustrativo. Hoy mantiene una relación institucional con el Gobierno nacional, pero una alianza explícita con Macri podría tensar ese vínculo. Gobernadores peronistas moderados podrían sentir mayor presión interna si el expresidente reaparece como figura influyente dentro del oficialismo, lo que podría traducirse en rupturas, distanciamientos o condicionalidades más duras en futuras negociaciones.

En este marco, Milei apuesta por mantener una relación ambigua con Macri: no lo rechaza de plano, pero tampoco le abre la puerta del todo. Lo deja en la antesala, como un aliado potencial pero no prioritario. Esa distancia le permite al Presidente conservar su autonomía, evitar condicionamientos y seguir articulando acuerdos con mayor libertad, sin cargar con el «techo» político que representa el exmandatario.

Mientras tanto, en los niveles intermedios del gobierno, la distancia con el PRO es cada vez más notoria. Figuras centrales como Santiago Caputo, Patricia Bullrich y Manuel Adorni han tomado posiciones críticas respecto al pasado macrista. En sus discursos recientes, marcaron diferencias ideológicas, de gestión y de estilo, dejando en claro que el nuevo oficialismo no pretende ser una continuidad del anterior.

La ruptura, silenciosa pero constante, avanza. Y aunque Macri todavía busca recuperar protagonismo con gestos públicos y declaraciones provocadoras, el gobierno libertario parece decidido a seguir su camino sin ataduras. Para Milei, el costo político de una alianza con el PRO es demasiado alto, y su estrategia es clara: crecer por fuera, sin heredar ni el techo ni las heridas del pasado.

En definitiva, lo que parecía una alianza inevitable entre los dos principales referentes de la derecha argentina se transforma, por ahora, en una relación tensa, con elogios esporádicos, reproches encubiertos y una distancia que se hace cada vez más evidente.

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